Y, así fue como un día se me ocurrió anunciar que lo que iba a contar estaba dirigido a una sola persona de la audiencia, a una mujer que en ese mismo momento se sentía sola. No recuerdo lo que dije. Quizá citara a Gongora o a Quevedo, no se de quién es la cosa: "a mis soledades voy, de mis soledades vengo". O puede que, para compartir con aquella mujer la soledad de dos en compañía, usara la frase esa tan tremenda del talentudo Pedro Ruiz: "a mi me vas a hablar de sentirse solo, que voy por el noveno perro..." vaya usted a saber lo que diría. Pero, bueno, era simplemente un invento para llenar dos minutos de televisión. Todo vale, hola y adiós.
Pero lo que sucedió después me hizo cambiar para siempre el sentido, por lo menos eso, de mi profesión. A los pocos días recibí multitud de cartas: mujeres que se sentían solas y creyeron la ilusión de creer que les había hablado a ellas, a cada una de ellas: persona a persona. Para mi fue un día grande y esclarecedor ".
Así me lo contó y luego se fue. Ya les dije que era un tipo algo raro.
Jesus Hermida


